Soy una gran aficionada del programa perdidos en la tribu y de perdidos en la ciudad.
Hace un tiempo pusieron un capítulo que me impactó mucho, este trataba de cuando la gente de la tribu viajaba a la península para ver nuestro mundo, y paseando por la calle veían a un sin techo. Los de la tribu muy sorprendidos, preguntan como si la familia en la que se alojaban tenia tantas cosas, les sobraba comida, espacio, como podían ver la gente durmiendo en la casa y pasar de largo. Pero, así es nuestro mundo, supongo. Me imagino que lo normal es eso, que unos tengan tanto, y otros tan poco. ¿No?
El otro día, en la clase de religión nos dijeron que en el blog debíamos publicar una entrada acerca de alguien de nuestro entorno que creyésemos que fuese feliz... que debíamos decir porqué creíamos que lo era... En ese momento me puse a pensar, y llegué a una conclusión que no me había planteado. No creo que nadie que conozca sea realmente feliz. Vivimos en un mundo de como me gusta pensar, corazones dormidos, solo nos dejamos llevar por la rutina y no sentimos nada de nuestro entorno.
Vivimos pensando que cosas materiales nos van a hacer feliz, que hay cosas que necesitamos y sin ellas no podemos vivir. Pues resulta que en realidad no necesitamos nada de eso, tenemos y queremos tantas cosas que no nos damos cuenta que tenemos todas las cosas que necesitamos y más solo que queremos tantas otras cosas por capricho que no nos damos cuenta de lo que tenemos delante.
Así que siento no poder hablar de alguien que sea feliz, pero... considero que aún no conozco a nadie que lo sea. Para ser feliz, antes hay que empezar a valorar lo que se tiene.